domingo, 28 de septiembre de 2008

50 huevos entre pecho y espalda.

Y yo he visto a Zascandil engullir a todo un tailandés como si de una boa constrictor se tratara...


Paul Newman en "La leyenda del indomable" (1967).


En homenaje a Paul Newman, por no comer hamburguesas.

La diosa fortuna

23 años. Esos tenía yo y todavía no había sido capaz de acercarme a un grupo de chicas para entablar conversación. No era por falta de oportunidades, porque todos los fines de semana se daba la ocasión, sino que era una cuestión de coraje. Siempre era la misma historia: la noche comenzaba con un momento de esperanza «¿Y por qué no?» me pregunta, pero a medida que se iba haciendo más factible me entraba el vértigo, los sudores fríos y, por último, los gloriosos bufidos.

No había sido una vez ni dos las que mis amigos me habían dicho que tenía que dar el paso y yo sabía que tarde o temprano tenía que intentarlo. Pero al final siempre optaba por "tarde". Siempre, hasta aquella noche.

Nada parecía indicar que aquella noche iba a ser especial. Llegamos todos media hora tarde, alguno vaticinaba que iba a ser una gran noche (ante la incredulidad del resto), el camarero nos intentó estafar, confundimos Plaza de España con Banco de España y fuimos donde no era, ... Todo ello sucesos corrientes en las noches plavi. Como era habitual, comenzamos yendo al garito de siempre a sentarnos en unos bancos y no consumir (por no perder la costumbre).

Pero surgió la idea. Esa noche decidiríamos quien entraría a un grupo de chicas mediante la tirada de un dado. Éramos tres los libres (sin novia, vamos) así que asignamos dos números a cada uno y decidimos tirar el dado. Si salía un uno o un cuatro tendría que romper con mi modus operandi y dar el paso.

Agité bien el dado en mis manos sudorosas, pensé «Dado, hágase tu voluntad sobre la nuestra, pues sólo tú sabes cual es el camino correcto». No sin ciertos temores, solté el dado sobre la mesa. Un uno. Tendría que echarle valor y superar mis miedos, demostrando que un trozo de plástico podía más que horas y horas de conversaciones racionales con mis amigos.




¿Qué te parece?

jueves, 25 de septiembre de 2008

(Puede ser) Mi gran noche.

Si supiera lo que después se puede encontrar...

Cosas que nos hemos encontrado en nuestras "grandes" noches:

1. Un plan nefasto.

2. Una chica del PP al modo ortodoxo.

3. Una chica del Opus, o algo parecido.

4. Infamia (ver Hall of Infame).

5. Bufidos y sudores incontrolados provocados por una timidez que paraliza cualquier intento de acercamiento a una chica.

6. Pelos en la barbilla al trasluz de la luna.

7. Una chica que sólo quiere ser tu amiga.

8. A Sir Paul "el libertario" durmiendo.

9. Las llamadas constantes de tu madre al móvil.

10. Un plantón.

¡Suerte Raphael!



martes, 23 de septiembre de 2008

Compatible Plavi

Dícese de aquella persona que, sin cumplir las cinco cualidades que definen a un Plavi, es perfectamente compatible con su filosofía de vida.

Un Compatible Plavi puede ser una persona que se encuentra en alguna de las fases Plavi, pero que aún no ha alcanzado el quinto grado; o bien álguien que por alguna razón desconocida no sólo encaja con los denominados Plavi, si no que es aceptado por éstos.

El derecho a opinar

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión

La libertad de expresión es un derecho fundamental o un derecho humano, señalado en el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948:

"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión."

os preguntareis por que el hecho de escribir esta entrada, y el titulo de la misma, pues por el hecho mismo que se me han retirado tres entradas que publiqué el otro dia, mejor dicho, tres videos, que aunque segun algunos no tienen nada que ver, tengo derecho a ponerlos aqui, y si se me retiran, que pasa, pues que me estan censurando...¡¡viva la libertad de expresion!!

Si criticamos la falta de libertades que hay en el mundo, deberíamos empezar por nosotros mismos.

Sir Paul, "el libertario"



Comunicado oficial: El problema vasco

Los miembros del equipo The Peters queremos expresar nuestra solidaridad con el problema vasco y expresarle a los ciudadanos que no están solos en este martirio. Sabemos que es una lucha dura y normalmente infructuosa, pero no podemos tirar la toalla y hay que seguir intentándolo con perseverancia.

Llamadnos soñadores, pero creemos que llegará el día en que el problema se solucionará de una manera u otra. Quizás haya que acabar pagando un precio por ello, pero eso sólo sería si el grado de desesperación es desmesurado. Por ahora abogamos por llegar a solución por medio del diálogo previo y estando ambas partes de acuerdo.

Sólo queremos que sepáis que vuestro problema es nuestro problema.


Obviamente estamos hablando de la canción de Lendakaris Muertos:



Vale, ahora volved a leer el texto.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Una historia recurrente.

La llamada no dejaba lugar a dudas. Lo había vuelto hacer, y a su manera, que a menudo solía identificarse con la peor y más radical solución a un problema. Carlos, en lo que a ojos de su amigo Javier parecía un nuevo ataque de neurosis afectiva, había decidido dejar a la chica con la que entonces salía. Sin previo aviso, decidió que ella nunca más iba a saber nada de él. Ella se llamaba Clara y ella había llegado más lejos que ninguna otra antes: en una noche, tras horas hablando, lo había besado. Y este beso fue su primer beso. Entonces Carlos tenía 22 años.

Sin embargo éste es el final. Empecemos por el principio.

No se trataba de una tarde cualquiera de un sábado más. No para Carlos. No iba a quedar con sus amigos, tal y como llevaba haciendo de forma rutinaria cada sábado desde la adolescencia. Esa tarde significaba la tercera cita con Clara, la primera vez que le iba a ver en más de una semana. Él trataba de consolidar una relación que, a todas luces, se había caracterizado por una ignorancia romántica que impedía vislumbrar el verdadero transcurso de su quehacer diario. El lugar convenido para el encuentro fue la Puerta del Sol. Seguramente tres cuartas partes de los ciudadanos de Madrid han quedado de una u otra forma en ese lugar. No eran, pues, muy originales, aunque... ¿de qué sirve la originalidad cuando lo demandado es única y exclusivamente la funcionalidad? Carlos odiaba la originalidad gratuita, pensaba que tan sólo traía complicaciones, y lo más importante, no sabía que se podía esperar de ella. La sensación de incertidumbre lo mortificaba.

Él llegó en lo que le pareció diez minutos tarde de la hora convenida. Decimos que le pareció porque nunca llevaba reloj. Quizá fueran veinte minutos tarde. Su impuntualidad para con todo el mundo, fuera quien fuese, constituía otra de sus cuidadas rutinas. Ésta venía propiciada por su ritual, casi obsesivo, de aseo previo a su salida a la calle. Este ritual lo mantenía ocupado en el cuidado de su aspecto unos cuarenta minutos hasta que finalmente salía de casa, triunfante ante el espejo -en su caso, un viejo disco compacto estratégicamente colocado a la altura de su cara en una estanteria, y es que al parecer nadie sabía más que él de lo favorecido del reflejo de uno mismo en un disco compacto-. A veces, y según la opinión de sus propios amigos, Carlos podía ser algo raro.

En ese día el plan era ver una película. La película iba a ser "La Fuente de la vida". Sus protagonistas eran Hugh Jackman y Rachel Weisz, y atendiendo a la calidad de la misma, poco más se puede decir. Carlos desconocía la película, por lo que no tuvo ningún problema en admitir el plan de Clara como bueno. A decir verdad y tras meditarlo un corto espacio de tiempo, el plan podría ser muy bueno. No sólo iba a poder ver una película que desconocía por completo, y de la que se hallaba liberado de prejuicios promocionales y de comentarios de terceros, sino que además la oscuridad de la sala podría invitar a potenciales besos desprovistos de miradas ajenas en los que la lengua cobraría un especial protagonismo.

Como no podía ser de otra manera, se sentaron en butacas contiguas, uno al lado del otro. Clara a la izquierda de Carlos. Y empezaron a besarse. Y a conversar.

- Ayer pasé una noche loca- dijo ella, mirando de soslayo a Carlos, que se había dedicado a dormir largo y tendido la noche del viernes.

- ¿Ah sí? Cuéntame, ¿qué pasó?- se interesó él, con cara seria.

-¿Te acuerdas de Carol? Pues ayer salí con ella, por garitos de Leganés. Nos tajamos un montón...En uno de esos garitos, nos escapamos de nuestros amigos, y...¡acabamos en los baños! - contó Clara, tan aprisa que casi parecía que estuviese emocionada.

- Vaya, pero... - dijo Carlos.

- Pues nada, en eso que entra y subiéndome el top, le dije "hazme tuya". Nos besamos un poco. Pero nada más. Y ya te digo, fue una noche loca, loca...- le interrumpió.

Carlos no dijo más. Sonreía. Pudo haber llorado, pero él sonreía. En aquellos momentos pensó que lo único provechoso que podría hacer era besarla. Y así hizo. La besó. La besó de tal forma que puso en práctica ese viejo refrán que dice que de lo perdido saca lo que puedas. Como un náufrago en una vieja balsa con un acceso de agua y que intenta salvar con premura todo aquello que le puede resultar de utilidad en la isla desierta en la que sabe que pasará buena parte del resto de su vida. Al menos hasta que alguien le rescate.

Lo que aconteció posteriormente apenas guarda ningún interés. Vieron la película y Carlos acompañó a Clara hasta su casa. Allí se despidieron, tras un largo beso. No se dijeron mucho. Quizá Carlos ya sabía que lo mejor era no decir nada. Quizá no deseaba respuestas o quizá sí, pero no en ese momento. No sabía de qué era momento. En el camino de vuelta a casa todo era un quizá. "¿De verdad me gusta Clara?" se preguntaba mientras andaba y dudaba si coger el metro o el autobús.